jueves, 2 de noviembre de 2017

El cambio climático reescribe la ornitologia.

El calentamiento modifica los hábitos de las aves. Algunas ya no se marchan en invierno, otras migran más cerca y regresan antes, y llegan nuevas de África.

Los viejos refranes empiezan a estar caducos. 'De marzo a la mitad, la golondrina viene y el tordo se va' o 'Por San José, la golondrina veré' están perdiendo su sentido. La golondrina común cada vez llega antes a una España menos gélida, más templada. «Un mes antes que en el siglo pasado», apuntan desde SEO/BirdLife, que ha estudiado en profundidad el efecto del calentamiento global en las aves. El cambio climático está reescribiendo la ornitología. Los pájaros varían sus hábitos. Muchos salen perjudicados, pero otros, en cambio, han mejorado.

Ya no es raro ver en invierno golondrinas -mucho antes de San José-, águilas calzadas o incluso vencejos. O un aumento significativo del número de garzas, que se reproducen cerca de embalses y ríos donde encuentran un nuevo alimento, el cangrejo americano, muy frecuente en los humedales.




Buitre moteado.
    Su hábitat es el África subsahariana, pero ha dejado de ser una rareza extrema en España y se puede avistar, a pesar de su parecido con el buitre leonado, en parajes como el parque de Monfragüe. Está en retroceso.
Urogallo cantábrico.
    Está al borde de la amenaza de extinción por culpa de las actividades cinegéticas y del cambio climático, pues han variado los patrones de lluvia y las temperaturas bajan a final de la primavera, algo letal para las crías.
Papamoscas cerrojillo.
    Es un pájaro pequeño (12 o 14 centímetros) que la naturaleza había sincronizado su nacimiento con el de las larvas de zonas forestales como los robledales. Con el calentamiento, las larvas nacen antes que las crías.
Golondrina común
    Cada vez llega antes a España en primavera. Hasta un mes antes que en el siglo pasado, aseguran desde SEO/BirdLife. También está en retroceso por el uso indiscriminado de plaguicidas, que reducen la cantidad de insectos.
Pato colorado
    Como otros patos buceadores de Europa, sus núcleos principales de invernada han sufrido un desplazamiento progresivo hacia el noreste del continente en los últimos 25 años. En España sufre el deterioro de los humedales.
Negrón común.
    En los años sesenta venían a España ornitólogos europeos a verlo pasar en grandes bandadas, pero el calentamiento hace que no necesiten bajar tan al sur y ahora en un año se aprecian lo que entonces en un solo día.
Tórtola senegalesa.
    Se trata de una especie muy común en tierras africanas, pero recientemente llegó a través de las islas canarias más orientales, Lanzarote y Fuerteventura, y ya se ha desplazado hasta Gran Canaria.
Mosquitero bilistado.
    Los cambios han propiciado que este pájaro procedente de los bosques de Siberia se haya expandido por toda la geografía europea y haya llegado a verse hasta en el madrileño parque del Retiro.
Correlimos gordo.
    Es un ave limícola -propia de hábitats conformados por barro- que se reproduce en el Ártico y que, según un estudio de la Universidad de Florida, tiene pollos cada vez más pequeños y con los picos más cortos.
Curruca capirotada
    Una de las especies que parece verse beneficiada por algunas consecuencias del cambio climático. En Alemania es cada vez más abundante y en España se está estudiando si sigue esta tendencia.


Esto no preocupa más allá de la inquietud que genera que se rompa el orden de tantas décadas. Pero también está la mano del hombre, como explica Blas Molina, experto en Aves y Clima de SEO/BirdLife. «Y lo sufren, por ejemplo, las aves agrícolas, víctimas de que ese medio cada vez cuente con menos recursos, que ya no haya saltamontes y otros insectos por culpa de los pesticidas. O en las zonas de trigo o cebada, donde ya no oyes el canto de un grillo ni una chicharra. El alimento es fundamental. Más importante, de hecho, que las temperaturas».

La Universidad de Florida observa cambios genéticos: aves con alas y picos más cortos

Varias investigaciones han demostrado que el calentamiento global está modificando los lugares de distribución de las aves o en qué momento regresan de una migración en el sur. La revista 'Science' ha llegado a dividir a las aves entre las que salen perjudicadas y las beneficiadas. El equipo científico dirigido por Phillip A. Stevens, investigador de la Universidad de Durham (Reino Unido), ha establecido unos índices de tendencias de grupos de especies con datos recogidos entre 1980 y 2010 a partir de programas de seguimiento, 340 aves comunes reproductoras de Estados Unidos y otras 145 de Europa, el 89% de las aves nidificantes de nuestro continente. Noventa y cinco de ellas están presentes en España, de las que 59 han salido perjudicadas y 37, beneficiadas.

Con estas tendencias, tanto de las beneficiadas como de las perjudicadas, se obtiene el CII, el Índice de Impacto Climático, un indicador ecológico que sirve para abundar en la medida de las consecuencias de ese cambio. «El fenómeno ocurre de manera similar en Europa y en Estados Unidos, y esto permite afirmar que las poblaciones de aves comunes de ambos continentes se han visto afectadas de forma similar por el cambio climático en los últimos 30 años», concluye Virgina Escandell, de SEO.

Hay asuntos más graves que dónde cría cada especie. La revista 'Science' también ha constatado que el calentamiento global ha desencadenado un mecanismo de alteraciones en ecosistemas e incluso cambios genéticos en algunas especies. Este estudio, liderado por la Universidad de Florida, concluye que el 80% de los procesos ecológicos que forman la base para los ecosistemas marinos, de agua dulce y terrestres saludables ya muestran signos de estrés y respuesta al cambio climático.

La salamandra, por ejemplo, ha menguado un 8% -como si un hombre perdiera 15 centímetros- en los últimos 50 años. También encontraron que tres especies de aves paseriformes de Estados Unidos habían experimentado una disminución en la envergadura de sus alas de un 4%. Y el correlimos gordo, un ave limícola que se reproduce en el Ártico, tiene descendientes más pequeños y con picos más cortos. A cambio, la marta americana y la marmota de vientre amarillo encuentran más comida y han aumentado de tamaño. «Ahora tenemos la evidencia de que con solo un grado de calentamiento global ya se están haciendo sentir grandes impactos en los ecosistemas naturales», anuncia Brett Scheffers, el autor principal de este proyecto.

Muchas aves que desaparecían al final del verano se van haciendo más presentes en el invierno. Desde rapaces como el águila calzada, la culebrera, el alimoche o el cernícalo primilla, hasta golondrinas, el vencejo pálido, el aventorillo, la lavandera boyera... Muchas retrasan sus partidas hacia las zonas de invernadas al sur de África o adelantan las llegadas en primavera y acortan la distancia de migración.
Cada vez más al norte

La mayoría de estos datos se conocen gracias a ornitólogos aficionados que realizan concienzudos controles. Como Antonio Sandoval, un educador y comunicador ambiental, autor del libro '¿Para qué sirven las aves?', al que le gusta ir a Estaca de Bares para deleitarse con el paso de los alados desde este cabo coruñés. Allí ha descubierto cambios significativos, como el desplazamiento hasta la vecina isla Coelleira de la colonia más al norte del mundo de pardela cenicienta, que nunca había subido más allá de Portugal.

«También he visto que aves de muy al norte cada vez bajan menos. Las de las zonas más árticas acuden allí a criar porque, tan al norte, hay menos competidores y más alimento. El calentamiento ha provocado que a los pollitos los devoren los mosquitos. Los mares más al norte ya no se congelan y no necesitan bajar hasta la Península Ibérica, por ejemplo. Como el negrón común, un pato marino que viaja en grandes bandadas, que ahora es mucho menos numeroso que en los 60, cuando venían ornitólogos europeos y contaban, solo en un día, 14.000 ejemplares, una cifra que ahora no alcanzamos ni en todo un año», adiverte Sandoval, quien incide en que todo influye, como que cada vez haya menos insectos.

Los inviernos árticos son cada vez más suaves y el mar Báltico o el del Norte se congelan menos, con lo que algunas especies se ahorran los largos y pesados desplazamientos hacia el sur. Las aves no migran por costumbre sino por necesidad, así que si pueden ahorrarse un viaje, como cruzar el estrecho del Gibraltar, lo hacen. Sandoval también nombra el estudio de un ornitólgo danés que comprobó, haciendo un estudio durante 45 años, poniendo cajas de estorninos en su granja, que el calentamiento había adelantado la temporada de cría y retrasado la segunda puesta.

No hace falta ser científico para ver que las aves cada vez encuentran menos alimento. Ahora, a diferencia de hace unas décadas, un viaje en coche ya no termina con el parabrisas repleto de insectos. «Antes, si salías al campo, no parabas de ver saltamontes. Ahora ya no -señala Blas Molina-. De niño mis padres me reñían en verano si dejaba las ventanas abiertas por la noche porque las bombillas o los fluorescentes enseguida se llenaban de insectos. Ahora, en regiones como Extremadura, apenas ocurre. Y tampoco hay tantas moscas, consecuencia de la disminución del ganado extensivo».

Varias especies de África son cada vez más frecuentes en la Península Ibérica y otras que entraban en las listas de rarezas -aquellas especies muy poco habituales en un territorio avistadas por un ornitólogo, que las considera todo un hallazgo- han dejado de serlo porque cada vez se ven más. Como el mosquitero bilistado, que viene desde los bosques de Siberia y se ha expandido por toda Europa. «Hasta tal punto, que ahora puedes verlo en Cataluña, en Valencia y hasta en el parque del Retiro, en Madrid -advierte Molina-. Aunque lo que más me preocupa ahora es el medio agrícola, porque para esas especies todo va muy mal: la tórtola, el aguilucho cenizo y el pálido... Los cazadores dicen que ya no se ven perdices tampoco. Y la alondra y la golondrina. Eso en España, en Europa ya es alarmante. Disminuye la biodiversidad. La gente que viaja a Suiza comenta que apenas se ven pájaros. ¿Está todo envenenado?».

Otra de las preocupaciones de este experto de SEO/BirdLife es la conservación de los humedales en un país como España, que cuenta con las Marismas, la Albufera y el Delta del Ebro. «Se siguen metiendo infraestructuras y se sobreexplotan los acuíferos, porque el regadío está creciendo un montón. Y sigue habiendo vertidos», advierte.

El calentamiento también afecta a las aves acuáticas. En junio se realizó un análisis de los censos de 25 especies invernantes en 21 países europeos entre 1990 y 2013. «Los resultados son contundentes -argumenta Molina-. A escala continental, los núcleos principales de invernada de varias especies han sufrido un desplazamiento progresivo hacia el noreste de Europa. Especialmente los patos buceadores, como el pato colorado, el porrón moñudo o la serreta mediana». El comportamiento de las aves es un factor que los expertos tienen tan en cuenta en el cambio climático como la temperatura, la cantidad de precipitaciones, la humedad, los días de niebla...

FUENTE: https://goo.gl/zrsmrg

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